Era una buena oportunidad llena de simbolismo. Me refiero a la de adquirir un perro para la Casa Blanca en una perrera repleta de animales abandonados.

En una sociedad que desprecia a los animales domésticos de forma clamorosa, el amago de Obama de adoptar un perro abandonado se ha convertido en un espejismo, que esperemos no sea preludio de decepción de alguien del que se espera Todo. O demasiado.

El motivo de la alergia de una de sus hijas a los perros no parece motivo suficiente... estoy convencido de que en las perreras de Washington, EEUU o el resto del planeta... hay perros de raza abandonados que podían haberse convertido en un símbolo de coherencia social en un escaparate mediático inmejorable.

Me temo que las perreras seguirán llenándose de caprichos efímeros.

AUTOR
: Ignacio Caballero

PUBLICADA EN:

- La Voz de Galicia. 22/04/09