En aquella breve cola que tuvimos que hacer para entrar en el Museo del Prado, tuve tiempo de fijarme en un detalle; los guardia jurado que había en la puerta apenas llevaban una porra y unas esposas. Algunos, añadían a estas armas una condición física que podríamos calificar de poco adecuada para perseguir corriendo a un delincuente.

Sin embargo, cuando vi que solamente la porra y las esposas colgaban de su cinturón... vino a mi mente la imagen de El Corte Inglés que hay cerca de nuestra casa; allí los guardia jurado tienen esposa, porra y pistola, supongo que con balas dentro.

Me asalta una duda sobre qué criterio es el que se utiliza para dotar de más o menos recursos disuasorios, o no, a los guardia jurado para proteger un recinto. Quizá si alguien tiene intención de dañar el cuadro de las Meninas de Velázquez, se lo piense un minuto si piensa que puede ser disparado en el intento. Con una porra, unas esposas y dudosa movilidad, lo veo complicado.

Sin embargo, el número cinco que habita en las estanterías de El Corte Inglés no tiene nada que temer.

Supongo que, una vez más... lo primero es lo segundo.

AUTOR: Ignacio Caballero