En aquella breve cola que tuvimos que hacer para entrar en el Museo del Prado, tuve tiempo de fijarme en un detalle; los guardia jurado que había en la puerta apenas llevaban una porra y unas esposas. Algunos, añadían a estas armas una condición física que podríamos calificar de poco adecuada para perseguir corriendo a un delincuente.
Me asalta una duda sobre qué criterio es el que se utiliza para dotar de más o menos recursos disuasorios, o no, a los guardia jurado para proteger un recinto. Quizá si alguien tiene intención de dañar el cuadro de las Meninas de Velázquez, se lo piense un minuto si piensa que puede ser disparado en el intento. Con una porra, unas esposas y dudosa movilidad, lo veo complicado.
Sin embargo, el número cinco que habita en las estanterías de El Corte Inglés no tiene nada que temer.
Supongo que, una vez más... lo primero es lo segundo.
AUTOR: Ignacio Caballero










JAJAJA No lo habia pensado nunca pero cuanta razon tienes BUEN FIN DE SEMANA
Que artículo más bueno y original.
Pero te aseguro que el Museo del Prado, tiene medídas en su interior superiores a las de el Corte.
Pero me ha encanto lo imaginativo que has sido, Suerte
Gracias a las dos.
Querida María... necesito usar la ingenuidad para ver si con suerte surge algo de ingenio.
Doy por hecho que el Museo del Prado tiene medidas de seguridad superiores... aunque opino que quizá no fuesen suficientes para abortar un ataque repentino a un cuadro.
Abrazos
Nacho