Se ha dejado los zapatos puestos por si en la próxima le toca huir.

Quizá el péndulo tienda a la facilidad.

Quizá quedarse más suponga asumir que se defiende con la distracción.

Se ha dicho pues se dice a menudo que todo es redondo.

Si quieres acaban por quererte.

Si crees acaban por creerte.

Y si ríes, fluyes.

Condicionando hay posibilidad de que no se cumpla.

Ha aceptado que le faltan cientos de largos por bucear.

Nadar en la superficie no enseña, sólo cansa.

Extenuarse antes de saber es de apagados.

Apagarse puede llegar a ser una manía.

Que te apaguen, de maníacos.

Ha reconocido que salió antes de la justa cocción.

Y, ahora, a medio hacer se le resiste su sitio.

Y el haber estado en muchos no determina.

Catar crea sabios transitorios.

Y el haber sacudido tantas veces la cabeza no asienta.

Salpicar de ti provoca etéreas impresiones.

Ha procurado tocar suelo, taconear realidades

y al empotrarse, sin dominar la técnica del freno,

retoma el vuelo.

Arriba las primeras nubes borran las heridas,

las últimas que, aunque por poco, estuvo abajo.

Y, bien entrada la madrugada, se desata las piedras de sus pies.