Ayer fue La Noche. Cambiamos amor por humor, aunque más bien fue unirlos.

Con dos años y medio me subí por primera vez a un escenario a contar chistes en una boda en Valencia... más de treinta años después he vuelto a hacerlo; esta vez ha sido como monologuista en un local de Madrid.

La sala abarrotada de gente, la mitad invitados por mi y la otra mitad por mi compañero de monólogos: Santi. Hicimos dos cada uno, pero nos quedamos con ganas de más y puede que hasta el público también.

El primero que hice fue un homenaje a mi hermano... el segundo una parodia sobre la forma tan absurda que tenemos de incomunicarnos en la era de la comunicación.

Los nervios no faltaron a la cita... pero una vez subido en el escenario... todo se volvió a mi favor porque el texto funcionaba, las risas surgieron deprisa y mis clases de teatro para algo tienen que servir... ¿no?.

Disfruté tanto como los que nos escucharon... que se vieron (creo) sorprendidos por la forma de interpretar aquellos textos que tienen horas de trabajo, de retoques y de relecturas. Supongo que cuando crees conocer a las personas porque tratas con ellas con frecuencia, puede llegar a sorprendente el día que se muestran por completo. Eso me pasó a mi anoche.

Aquellas personas que asistieron a este debut seguramente lo hicieron en parte como un acto de fe a nuestra ilusión de debutantes... afortunadamente creo que aquel plan de un sábado premeditadamente romántico, les mereció la pena... o mejor dicho, la risa.

Gracias a tod@s.

Esto... acaba de empezar

Ignacio Caballero.