Enfatizando la mueca
como un mimo impresionista
trato de explicar
por qué me he colgado
de donde fuera, de cualquier parte de ti
sin tu permiso.
La concesión de un condenado,
su último deseo.
Deseo….
Y lo piensas tanto que lo deseo yo antes.
Tiras, con suavidad, de mi descaro
ensanchando, por que puedes o te lo concedo,
lo acumulado en el saco del sentir,
por cualquier esquina donde se hayan esculpido tus pasos.
Exaltando la ausencia de lo absoluto
como un títere a motor
me desmiembro de la vergüenza
en el argumentar por qué es de ti y no de otro
del que brinco enganchada a los ojos.
Y lo permites.
Consentir debilidad es de valientes.
Y muy quieta
junto a la muralla del todo vale
me dejo fusilar por tus encantos.
Y en ello, entre disparos
sucumbes a mí último deseo.










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