En apenas cuarenta y ocho horas he asistido a través de la prensa a toda una fábula sobre la gestión empresarial y los recursos humanos.
El domingo leí una carta al director en la que una empleada de una conocida cadena de hipermercados denunciaba que gracias a la genial idea de cerrar a las once de la noche, ella y sus compañeros cobraban esa hora a precio normal: nada de hora extra ni pagada con nocturnidad, que sí alevosía. Digamos que retrataba algo un poco distinto a lo que nos quieren vender en referencia a que de esta forma se crea empleo. Más bien, se precariza el que existe.
Al día siguiente... oh sorpresa, una sentencia del Tribunal Supremo obliga a la misma cadena de supermercados a respetar la libranza de "48 horas seguidas" a la que tienen derecho sus empleados. Es de estas cosas que uno da por supuesto que ya eran así. Ingenuidades.
Para cerrar el círculo, tan solo cuarenta y ocho horas después de aquella carta dominical, se publica el Observatorio de Precios del Ministerio de Industria. Una de las conclusiones: la cadena de distribución que paga las horas nocturnas a precio de ganga, que ha sido condenada a respetar el descanso de sus empleados y que parece hacer poco por permitirles conciliar vida personal y laboral... resulta ser una de las más baratas del mercado.
Barra libre de conclusiones.
AUTOR: Ignacio Caballero










Escribe un comentario