El teléfono móvil se ha convertido en una radiografía de nuestra vida social. En el apartado de rellamadas aparece nuestro Top Ten de personas más contactadas. De hecho, desaparecer o perder posiciones en esa lista Forbes de nuestra cotidianeidad, puede significar que vemos mucho a esa persona y por lo tanto no hablamos por teléfono con ella, o bien que ha dejado de tener contacto con nosotros. Así son las cosas.
En los mensajes que archivamos también hay unas preferencias; nuestros grandes éxitos permanecen en la carpeta de Recibidos... como los vinos que van ganando Solera con el tiempo; "mira tía, tengo un sms del año 98... cuando los móviles servían de tope de puerta". También en los mensajes de texto enviados guardamos nuestras pequeñas grandes obras maestras de la literatura movil.
Ahora bien, tanto las rellamadas, como las llamadas perdidas o los mensajes encierran secretos: esa llamada que no coges porque "es un oculto"... o "no sé quién es". Qué decir de quienes cambian nombres masculinos por femeninos para evitar "movidas". Qué curiosas formas hay de complicarse la vida tanto con un aparato tan pequeño.
Ese teléfono tiene una agenda de contactos que es un histórico de las personas que van pasando por nuestra vida... hasta que llega el momento de aburrimiento en una sala de espera del médico, en la que decides ponerte a borrar nombres que ya no recuerdas... ni con ayuda de prefijos o sufijos: "Pedro Casa"... como tal se maneja el pulgar de nuestra mano manejando los hilos de nuestras emociones, a través de un aparato cuyas nueve cifras son el verdadero número pin de nuestra existencia.
AUTOR: Ignacio Caballero










Yo creo que debo ser de las pocas que no dependen del móvil (al menos, por mi entorno). Me lo dejo en casa, lo llevo sin batería...es más, lo utilizo más para jugar en el bus que para otra cosa. Creo que antes podría vivir sin móvil que sin ordenador!! Así que el número de pin de mi existencia es su contraseña!!
No guardo casi mensajes, los que mando yo los borro, y cuando un número no lo uso, lo borro.
Pero sí, tengo amigos que son capaces de volver a casa por que se les ha olvidado...dependen de él para todo. Es como una droga.
Besets!!