Me ha dado un vuelco el protagonista de estas palabras, después de leer que en un hospital infantil de Denver están apurando ligeramente el tiempo que hay que esperar para declarar muerto a un paciente por fallo cardíaco...y sacarle el corazón para trasplantarlo a un paciente que lo necesita.Como si esto fuera una carrera contrarreloj y, en cierta forma, contra la vida de uno para salvar la de otro.

Ya imagino los hospitales convertidos en una especie de Wall Street, en el que de forma frenética se consigue el certificado de muerte... al mejor postor y aunque el antiguo usuario todavía tenga alguna esperanza de vida.

Lo único que se puede terminar consiguiendo es que los órganos humanos se conviertan en un preciado bien con una demanda tan fuerte, que pasemos de la solidaridad de ser donantes, a la imposición de la salvación de una vida en detrimento de otra.

Ahora sí, ahora no,... a ese ritmo de taquicardia cardíaca parece que nos vamos aproximando a los transplantes low cost. Como diría el Bond veterano: vive y deja morir.
Cucún, cucún.

AUTOR: Ignacio Caballero