Cuando era pequeño iba con mi madre a la Paz para una de mis revisiones. Me llamaba la atención el hecho de que ella fuera capaz de saber por qué pasillos había que ir dentro del Metro. Al entrar en el vagón, mis dos años de edad se solían traducir en un: "jo mamá, otra vez de pie". La monotonía y adultez de ese vagón se venía abajo de forma fulminante.
AUTOR: Ignacio Caballero










Me encanta el metro y observar a la gente, y me da miedo pensar como hay gente tan distinta.