Hace ya algún tiempo que pisé descalzo las tablas. Inocente pensaba que todo aquello era auténtico... que no era pura interpretación.

Pero lo era.

Dentro y fuera del escenario... cuando bajé la guardia de la credulidad, los sentimientos seguían manteniendo un solo objetivo; el aplauso ajeno para el ego propio.

Vampiros de la emoción, intentos vanos de tocar algo real. Parásitos de vidas ajenas, intentando con un banal "copiar-pegar" llenar las lagunas de su propia existencia.

La mentira se hizo patente en forma de incompetencia. Dejaron de rimar las palabras y dejó de ser Teatro.

Hoy vuelvo de nuevo a probar suerte en las tablas... estrenando ilusiones.

Mucha mierda.

AUTOR: Ignacio Caballero