Está la Nochevieja, Año Nuevo, El Día del Trabajador, los Sanfermines, El Pilar... y la nominación de Garci.
Todos los años tiene la suerte de ser nominado entre las tres finalistas elegidas por la Academia de cine, que encaran la recta final para competir por el Oscar.
Esta casualidad persistente responde, quiero pensar, a que el director que en su día hizo historia... ya superada, tiene un nucleo duro en la academia que son fanáticos de su cine de forma fiel y sobre todo, poderosa.
Concedo el beneficio de la duda a su nominada Sangre de Mayo, estrenada con calzador y en la intimidad para poder competir, pero soy de los que piensa que el cine español ha pasado de ser un sello de mediocridad a convertirse en indicativo de calidad.
Basta haber visto las mesas de billar francés, a los Cobardes de Corbacho y Cruz, las palabras tuyas de González-Sinde sin olvidar a las Mataharis de Bollaín, la ácida Casual Day o los Tres Días que triunfaron en Málaga, para darnos cuenta de que algo ha cambiado en los gustos mayoritarios de un cine que, por fin, parece que avanza de la mano de su público y de gran parte de la crítica. Lo de Garci es, me temo, volver a empezar.
AUTOR: Ignacio Caballero










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