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Una nueva doble sesión de cine de verano en la que el primer plato era cocinado en Oxford y servido por un español: Alex de la Iglesia.

Un argumento a priori interesante en el que las matemáticas ponen a prueba la mente de todos aquellos que en su día hemos sudado para aprobarlas. Cálculos y más cálculos en una carrera contra el tiempo para atrapar a un asesino en serie... y pocas veces, en serio.

Porque lo menos serio, con diferencia, de esta película... es la aparición y presencia de Leonor Watling, destinada desde el minuto cero a aportar la cuota de sexo necesaria que en esta película entra con calzador para agilipollar más, si cabe, la mirada perdida de Elijah Wood... su tesoro.

Ni rastro del sello De la Iglesia en una historia pretenciosa que tiene en los títulos de crédito algunos de sus mejores minutos.

Una vez soportado el anzuelo... nos cenamos una segunda película con el cielo como techo de lujo y las estrellas Madrid deja ver como invitadas de excepción.

La historia que nos cuenta Icíar Bollaín tras su obra cumbre, Te doy mis Ojos, es la de unas Mataharis encarnadas magistralmente por Nawja Nimri, Nuria González y una joven actriz (María Vazquez) que parece el
alter ego de la directora. Tristán Ulloa vuelve a demostrar que su apabullante naturalidad es un Don en su profesión.

Con el problema de la conciliación laboral de fondo, esta historia de chicas detectives tiene su mayor virtud en la naturalidad con la que sus protagonistas dan cuerpo a sus personajes.

En este caso también, los títulos iniciales son dignos de mencionar aunque, en este caso, lo que vino después estaba a la altura y la superaba. Un notable para una película que rivalizaba con la sombra de la gloria de su siempre interesante directora.

AUTOR: Ignacio Caballero