.
Me desgastas. Desgastamos a las madres en sus vientres. Y luego a las palabras cuando aprendemos alguna nos saciamos de ella y cuando aprendemos a pedir es el comienzo de todo. Así sin más. Quiero, quiero, quiero. Mío, mío, mío. Y es que en ese fondo de armario se estaba muy bien. Sin compartir, sin pelearte por muñecos de este, ese, o aquel enano pecoso. Recuerda. Mío, mío, mío. Y te lo quitan como te quitaron el chupete. La niña de las coletas se hace con tus cromos. Y desgastas tus ojos con lágrimas de lagartija. Y vuelves a querer. Y te la dan, con queso y jamón york. No hay para más.
Berrinches inútiles, los adolescentes. Pues te siguen dictando que tras el punto y final debes cambiar a otra línea, si quieres, a otro párrafo. Pero te niegas. Y, de nuevo, a desgastar. Esta vez el lenguaje cuyos posos adquieren forma de descarados tacos. A diestro y siniestros. Sintiéndote importante mientras expulsas el humo de la vanidad ignorando que al final te matan, el humo y la vanidad. Y ésta se desvanece al son de sopapos vitales, de pruebas donde descubres que hay demasiados como tú, demasiada mediocridad vestida con traje de marca.
Y un día como hoy te dices, te aseguras que en el fondo te distingues de todos ellos. Y es que en el fondo de aquel armario, por una vez, estuviste tú solo. Y nadie más.










La vida es asi Nachete, que le vamos ha hacer, todos somos unicos y irrepetibles, pero en algunas ocasiones somos como todo el mundo, o mejor dicho como la mayoria.Bs.