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Después de semanas de discusión sobre trasvases, conducciones sobrantes y demás eufemismos sobre el agua, hemos asistido al surgimiento de dos proyectos que son un magnífico ejemplo de "desarrollo insostenible"; por un lado el, aparentemente, desinflado proyecto Gran Scala en el desierto de Los Monegros. Lo de desierto debe ser una broma macabra.

Por otro lado, en otra de las zonas que discuten por el agua se presentan las torres iL Tempo, que se levantarán en Benidorm en el año 2010 y que elevarán su "skyline" a 200 metros de altura. Para remate, lo quieren vender como un homenaje simbólico a las víctimas del 11-S y del 11-M. El márketing de la estupidez no tiene límites.

Con semejantes modelos de desarrollo, la discusión del agua no deja de ser una hipocresía entre regiones lanzadas a un desarrollo que está lapidando, no ya el futuro, sino un presente en el que el cemento alimenta expectativas de especuladores cuyo trasvase que sigue funcionando es el del dinero en forma de pelotazo. No existe ni existirá agua suficiente para saciar tanta sed de codicia.

AUTOR: Ignacio Caballero