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Cuando era un adolescente tenía un cajón en mi habitación que era solamente mío; "mi cajón".
Guardaba el secreto de las cartas de un amor que hoy, tiempo después, me llena de felicidad.
Sabía a ciencia cierta que la privacidad de ese cajón estaba por encima de todo. Si mi madre lo abría y encontraba algo que no le gustaba no sería mi problema, sino el suyo, porque sería su confianza y respeto a mi intimidad lo primero que quedaría en entredicho, independientemente de que encontrase aquellas cartas de amor "prohibido".
Algo similar sucede con el reciente estudio que pone de manifiesto que un altísimo porcentaje de personas espían los SMS de sus parejas. El que tiene un problema grave es el que quebranta la confianza de la persona espiada. El control es la forma más falsa de amor, que debería unirse por un sencillo lazo de libertad.
Finalmente decidí guardar esas cartas de amor dentro de mi piano; sin duda el mejor guardían de palabras del mundo. A prueba de virus, troyanos e intrusos, solamente hierro y madera.
AUTOR: Ignacio Caballero


PUBLICADO EN:

- METRO DIARIO. 07/09/07
- QUE DIARIO 09/07/07