Da miedo Bill Gates... y algunos aparatitos tecnológicos tan bonitos como perversos. Reconozco que se me ponen los pelos como escarpias cuando escucho a la gente jalear la presentación de un dispositivo que nos permite estar siempre mirando una pantalla en lugar de interpretar la mirada de la persona que tenemos enfrente.
El amigo Bill dice que su meta es que estemos conectados las 24 horas, pero con la salvedad de que todavía no se le ha ocurrido cómo narices colarse en nuestros sueños cuando dormimos e instalarnos un ADSL... no funcionan bien en el mundo real, imaginen a uno de Telefónica intentando arreglarte el router en la zona REM de tu cerebro.
Esta brecha tecnológica va diferenciado a la gente entre los que anhelan vivir siempre conectados en vidas y sensaciones más o menos virtuales y otra parte de la sociedad y del mercado que nos vende a toda costa el evadirnos, el recuperar las sensaciones que hemos ido dejando de lado; ahora las casas rurales para desconectar era lo que antes llamábamos "ir al pueblo", tenemos un Spa a la vuelta de casa y pagamos por lo que antes era un baño relajante, menos glamuroso, pero con las manos acorchadas igualmente.

Tampoco perdamos de vista que si alguna vez estamos desorientados podemos elegir entre dos millones de sabores de té, uno para solucionar cada dilema moral, y si eso no nos vale podemos elegir entre cinco mil libros sobre autoayuda, es decir, todo eso que antes solucionábamos con el sentido común.

Sin olvidar a los que no les gusta la primera opción de vida que les ha tocado vivir... y deciden viver una "segunda vida" virtual en la que la mayor crisis del mundo puede ser que no funcione internet... o que el té con sabor a flores tropicales de cerezo escandinavo recogidas a la intemperie con mimo indígena... se haya terminado.
Como vea a Bill Gates en mis sueños... ¿sería allanamiento de morada?. Bienvenidos al mundo real.

AUTOR: Ignacio Caballero