Espejismo. A partir de esa palabra Cesc Gay construye una historia de personajes tan reales que por un momento piensas que al final de la proyección van a salir a recibir los aplausos.
La historia de Alex (Eduard Fernández), un director de cine en crisis que pasa una semana en casa de un amigo (Alex Cámara) en el pirineo catalán, da pie para mostrar la conteción de las emociones entre dos personajes, Alex y Mónica (Montse Fernández), que se encuentran por casualidad en la vida y deciden separarse igual que se encontraron, esperando quizá una próxima casualidad.
Dos personajes con vidas formadas y definidas emocionalmente; él casado y con dos hijos y ella casada y con una niña adoptada. Sin embargo, no pueden evitar que las emociones les desborden, quizá como consecuencia de la mella del tiempo en sus relaciones o de lo que, en su momento, comenzaron a callar y llevarse a la almohada de la incomprensión.
Me ha gustado la forma en la que Cesc Gay lleva de excursión al espectador a esas montañas del pirineo y te sumerge en esa atmósfera de contención que, en el personaje de Eduard Fernández parece una extensión del personaje de Mario (en la también fabulosa EN LA CIUDAD).
Lo dicho, la historia de un espejismo y cómo las cosas no son tan sencillas ni tan complejas. Es la vida. En estado casi puro. Chapó.
EL DRAGÓN OPINA: Imprescindible.
EL DRAGÓN ELOGIA: El equilibrio que consigue Cesc Gay para que, haciendo una película contenida, no aburra. Al contrario.
EL DRAGÓN PROTESTA: Que desde hace semanas solamente se pueda ver en los cines Princesa de Madrid.
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