Él entró a trabajar en nuestra oficina hace ahora unos cinco años. Desde entonces siempre tiene un gesto que le honra porque lo ha convertido en cotidiano; ese gesto consiste en recorrer toda la oficina para despedirse de los que están en la cocina, situada al fondo de nuestro lugar de trabajo. Cada día se acerca para decirnos "hasta mañana", a los que estamos allí charlando, comiendo o tomando un café.
Él es el único compañero de trabajo que tiene dificultades de movilidad; eso convierte su gesto amable en una costumbre que, a mi personalmente, no me pasa desapercibida, al contrario. Gracias Ángel.
AUTOR: Ignacio Caballero
PUBLICADO EN:
- QUÉ Madrid. 01/12/06










Escribe un comentario