Cuando parece es que no es.
Te presentas
con una espontaneidad medida, comedida.
Simulas
no haber concebido la reacción,
y en mi resistencia a no estudiarte
me abres por la mitad.
No puede ser que el cambio de un año
haya desbancado el calor de una bienvenida
por las tiritonas de un adiós
si en el saludo somos los mismos o eso parece.
Actos debatidos,
algunos buenos
otros peores
y, en medio, tú que entre el ocho y el nueve
has decidido olvidar que no te he olvidado.
Desisto ya del pelear por ser más que parecer.
Y en la obstinación por figurar
me abrocho la malla
ajustándome al protocolo
que pulveriza control a implícitos pucheros
de esos que agitan mandíbulas.
No puede ser que en el trueque de un año a otro
las ganas apiladas se arrojen al vertedero para mutilarse.
Y aunque parezca que no me fijo si reparas en mí,
aunque disimule que me las apaño sin tus mimos,
por una vez, dime que no me crees
y captura mis gestos
enfocando lo que soy
descuadrándote de lo que parezco.









