La Coctelera

manhattan

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Categoría: OCEANO DE RUIDOS

11 Marzo 2009

Aseguran los sabios de salón

que si se muestra catastrófico,

si se enjaula en moderadas distancias

es que ha entrado en ti.

Insisten en que si demuestra aprecio medido en pulgadas,

si hay más párpado que iris, más displicencia que atenciones

sueña despierto contigo.

Y en la aprensión ante una comicidad conocida

ironizas ese argumento para no pasar de insomne circunstancial a crónica.

Y con enorme pragmatismo alzas la barbilla

para que las lágrimas regresen a los ojos.

Ahí la verdad cristaliza y atraviesa.

Analizan los puristas de las relaciones

cada desaire como un acercamiento del más inseguro.

Alquimia para los más cándidos.

Si destila tirria va a ser que no le importas. Sin más.

Disparatan los altruistas de esperanzas

que una indiferencia es asomo de consistencia

y en eso, en su reverso

no es más que un olvídate ya.

Y en un espasmo de coherencia se segregan

la falacia de la virtuosa exactitud.

Y colapsada de tanta aportación

corre a los pies del gran canalla gritando:

- Ya sé que no me quieres.

El gigante despliega sus alas.

- Esperaba que tú lo hicieras primero.

4 Marzo 2009

Somos otros a extramuros de las poses.

Otros castigados por enroscarnos en costumbres.

Las mismas que nos parodiaban antes de lacrarnos con nombres.

 

Somos otros encarnados en las veces que nos gustaría,

en las noches vacías de luna, en los días donde la claridad se apropia de nuestras sombras.

 

Otros enfrentados entre cuatro paredes a la esencia de lo que vendrá.

Que vendrá tal y como lo desdibujemos de los deslenguados que nos rigen y guían atados a la correa del interés.

 

Somos otros, más como niños y sus pataletas

cuando no obtienen lo que desesperan tener.

Y ya en nuestro poder, pese a quien pese, no sirven aunque la piruleta cruja en su envoltorio.

 

Otros, más inconformistas para incordiar a quienes embuten pensamientos

en mentes influenciables, carentes de influjos propios y absortos en verborreas más vitales.

 

Somos otros encarcelados en ilusiones que intentamos robar a un escapista.

Otros, agitando un mundo sellado a nuestros miedos.

Las fobias marcan el territorio de la muerte. Olisquea y, por instinto, caza.

 

Somos otros en el arrabal del amor.

Donde embadurnarnos con el barro de las conquistas fallidas.

Donde electrocutarnos por ser cautivos de lo prohibido.

Otros, convencidos de que un para siempre es literal y no colateral.

 

Somos otros desparasitando un te quiero de los rodeos dados.

Y ahí dejas de ser otro.

Ahí eres tú.

25 Febrero 2009

Luchar por no desayunar con la pereza,

ducharte con la esponja del optimismo

y peinarte de espinas es lo aconsejable.

Y al sugerir no le afecta la crisis,

este trance de bolas de cristal llenas de humo.

Rachas disculpadas

pues a pesar de entrometerse, de apropiarse de credibilidad,

de dibujar un cero en tu sien…

cuando se va te amparas en la crudeza.

La que te llevará a erguirte en la curva por la que asomas.

Pierdes peso por no contrarrestar la emoción.

Lo ganas cuando comes mentiras entre horas.

Escuchas la parte no barajada por ti

y lo deformado se amolda a lo real.

Lo real apilado en el desguace de lo que te disgusta.

Aflige ver a las ratas acorralando a la verdad,

usándola de trampolín hasta alcanzar tu yugular.

Varada en la playa de la ambigüedad

alguien te incita a decantarte por lo mismo.

Ahora lo drástico enmohecería la armónica torre donde te has retirado.

Ahora plantarse de una pieza sería desmoronar el mecano armado a conciencia sin tragarte ni un tornillo.

Guarecerse en lo mismo puede reflejar indolencia.

Fuera de lo mismo las furias arañan las calles hasta dar con tu puerta.

Y es tras la mirilla donde sólo tú puedes hacer que no sea lo mismo.

Aunque quedes de muesca en una pata del sofá.

18 Febrero 2009

Se ha dejado los zapatos puestos por si en la próxima le toca huir.

Quizá el péndulo tienda a la facilidad.

Quizá quedarse más suponga asumir que se defiende con la distracción.

Se ha dicho pues se dice a menudo que todo es redondo.

Si quieres acaban por quererte.

Si crees acaban por creerte.

Y si ríes, fluyes.

Condicionando hay posibilidad de que no se cumpla.

Ha aceptado que le faltan cientos de largos por bucear.

Nadar en la superficie no enseña, sólo cansa.

Extenuarse antes de saber es de apagados.

Apagarse puede llegar a ser una manía.

Que te apaguen, de maníacos.

Ha reconocido que salió antes de la justa cocción.

Y, ahora, a medio hacer se le resiste su sitio.

Y el haber estado en muchos no determina.

Catar crea sabios transitorios.

Y el haber sacudido tantas veces la cabeza no asienta.

Salpicar de ti provoca etéreas impresiones.

Ha procurado tocar suelo, taconear realidades

y al empotrarse, sin dominar la técnica del freno,

retoma el vuelo.

Arriba las primeras nubes borran las heridas,

las últimas que, aunque por poco, estuvo abajo.

Y, bien entrada la madrugada, se desata las piedras de sus pies.

11 Febrero 2009

Alguien ha hablado de enamorarse.

El enamorarse no hace excepciones

y rasca allá donde cae.

Uno se enamora y se le amontona el trabajo.

Se ralentiza su condición de razonar

que pasa a darse de baja hasta recuperarse.

Se acumulan los expedientes con las explicaciones

que te salven de ese inmaduro estado en que prima indagar

si ha notado que llevas perfume sobre el resto.

Alguien ha comentado que las veces que uno se enamora

vienen secuenciadas por las carencias con las que haya crecido.

Una vez saciadas el desenamorarse no hace concesiones

y es el embrujado quien da un paso más en la madurez.

Madurar significa no olvidar la decepción antes de salir de casa.

Cuando te enamoras adecuadamente progresas

pues recibes de una manera equiparable a las que das.

Se acaban los vértigos del con qué me vendrá hoy

aunque se incrementan las ansias del ya no me sorprende.

No estás enamorado pero terminas amando.

En ocasiones, el enamoramiento pisa el freno

gastando las ruedas de lo ideal.

Idealizamos sin incluir instrucciones, esas las dejamos

para cuando descubrimos que ya no funciona.

Lo inalcanzable atrae hasta alcanzarlo,

una vez puesta la medalla ésta se llena de marañas y patrañas

como que, en realidad, le preferías como amigo.

Alguna vez, te descubres enamorado de alguien inesperado,

de alguien que sabe más de ti pues te ha escuchado incluso cuando no hablabas.

Alguien que pinta de otro color tus esquemas.

Quizá debamos mirar más a nuestros costados que de frente, he leído.

Y ahí debe uno cuidarse de no alterar la naturalidad.

Lo natural puede hacer entrar en razón a quien se niega.

Enamorarse de alguien que no lo está de ti

es la carrera superior más costosa.

Hay quien renuncia a la mitad

y hay quien jamás la termina.

Aunque nadie le puede decir que nunca se ha enamorado

que "haberlos haylos".

4 Febrero 2009

Construimos cuevas a base de risas y desenfados.

Y en ese refugio quemamos las penas, decepciones y demás lacras que nos blanquean.

Por mucho que conjuremos el eco sólo nos despeina

agravando ese desencuentro con el infierno.

 

Muchos van a lo que van

y tú, que regresas de allí, te traes sus ojeras, canas y despropósitos.

Y es que descorrer el flequillo de quien aprecias

y hallar dos cuencas sin expresión… hunde, desorienta, incapacita.

Son los que piden que hagas, esperan que digas, exigen que admires

mientras se hacen los muertos si vives.

 

Son los que se creen que valen más que uno pues se lo has repetido tanto

que tu lengua no da para ti.

Es el alabar ensanchando egos cuatro tallas más de las oportunas

apocando la tuya a la infantil.

 

Ensamblamos sonrisas a la par que las repulsas roen nuestros estómagos.

Carcomen los desparpajos de los que emulamos que no ha pasado nada

cuando una bofetada te ha cruzado el alma siete veces.

 

Y te dices, te ensañas con tus deslices.

Caíste sin que nadie te empujara,

resbalaste por no mirar donde pisabas.

El mal del equilibrista sobre las cuerdas de la empatía.

 

Y sabes que no eres mejor de los que se lo creen

ni peor de quienes se frotan las manos.

 

Y, en un instante, te pones en su lugar, bajo su piel.

Nunca se preocupó por ti

pues ya lo hiciste tú incluso cuando nunca te lo pidió.

 

Es el tremendismo de quien sabiéndose de porcelana

presume ser de acero.

28 Enero 2009

Las retiradas son nobles si las causas las justifican.

La paz destaca entre todas aunque no se impone de manera absoluta,

ese absolutismo nos queda tan holgado como las guerras emprendidas.

No hay sastre capaz de dar con el principio ni con el fin de ese enrevesado patrón.

 

 

Retirarse en una partida de a dos

intuyéndose perdedor aún llevando ventaja

empobrece los argumentos.

Argumentar, en esos casos, queda estrecho.

La ventaja siempre se ajusta a quien domina las reglas.

Y el estratega

quizá se apiade del que siempre pierde

o se crezca

si el perdedor daba por hecho su torpeza.

Los torpes congregan a sus limitaciones para consensuar un digno rendirse o pactar que el enemigo nunca llegue a saberse derrotado.

Es más ganador el que atesora victorias en la intimidad.

 

 

Hablan de retirarse los temerosos de perder el control,

los que deambulan bajo él.

Controlar tienta al poder

y el poder se acobarda ante alguien más sabio o más pellejo.

Debe ser que el control también se debilita.

 

 

Hay excusas en una retirada que disminuyen el valor de su porqué.

A la cara de quien te retiras, el efecto puede resultar adverso.

 

 

Te retiras por no querer ir a más desafiando a lo que ignoras

pues quizá en ese yendo a más des con lo que buscas.

 

 

Te retiras para ordenar, desde cierta distancia, un caos del que parece no haber salida. Y es quizá en ese galimatías donde encuentres tu sitio aunque para ello te debas descolocar.

 

 

Se retira quien obtiene lo que quiere y no se salta ese intervalo por si lo que quiere le acaba por enganchar, o se recrea entre sus dudas, y no se deja obtener.

Lo difícil o lo que nos desprecia da sed, lo fácil o lo que se deja en manos confiables nos sacia al último trago.

 

 

Ante una retirada, por mucho que asole, se debe sonreír y mirar a alguien

que te prometa que nunca lo va a hacer, que nunca se va a apartar.

Quizá así se paliarían muchas guerras tanto externas como las que se libran en nuestras cabezas.

21 Enero 2009

Todos los textos de esta sección me gustan. El de hoy especialmente. Gracias Poppy

CAMBIOS

Los cambios dispersan la opinión
o la condenan a la variabilidad.
No vale querer hoy
o pasar por alto mañana.
Vale pero no satisface.

Un corte de pelo no dictamina el final de una relación.
Y si lo hace es que nunca ha empezado.
Unos kilos de más o de menos pesan al que los acumula,
descargan a quien los ha quemado pero no deben alterar la talla de la inteligencia de quien se ha percatado de ello. Bien a más, bien a menos.

Puede que los cambios alboroten las impresiones, nunca las primeras
esas no se asombran pues no conocían lo que o quien ha mutado.
Innovas o pereces en el congestionado redil.
Nos acribillan arrinconándonos en la normalidad.
Lo masivo iguala y llega un momento en el que todos nos encontramos en ese mismo punto de evolución o ebullición pues nos provocan ser algo que no somos. A veces burbujas, otras, humanos con sentimientos de robot.

Los cambios si animan los positivamos.
Si disuaden los llegamos a admirar en sepia añorando la falta de color.

Cambiar poco a poco
como el que muerde una amistad que explosiona en amor
como el que destripa una aspiración que ensucia un papel.
La mesura en el cambio es una tregua para la asimilación.
Renovarse arrasando descontrola.

Si procede de terceros la idea del cambio
cúbrete con una máscara de espejos.
Si surge de ti filtra multitudes
y quédate con quien te sabe leer.

Sobre manhattan

BLOG PERSONAL DE IGNACIO CABALLERO(nachetec@yahoo.es) Hazme tu página de inicio Corría la primavera de 1975 y todo el mundo decidió llamarme Nacho. No he protestado desde entonces y tampoco lo voy a hacer ahora. El nombre de este blog es el de un lugar llamado Manhattan, que evoca a la única promesa pendiente de cumplir. Espero que te guste el contenido, pero sobre todo, que te animes a participar. Abrazos en los recovecos del alma.
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