La Coctelera

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Categoría: ANGELA BECERRA

5 Marzo 2009

Vivimos avanzando por el tiempo, esta línea continua de la que ignoramos su origen y, como infinita que es, no podemos imaginar su final. El motor es nuestro cerebro, la carrocería es nuestra salud, el contador de kilómetros es nuestra edad. La ruta, unos se la organizan como quieren; otros, como pueden o les dejan.

Algunos deciden hacer su camino con un lento utilitario de mínimo con sumo. Se alejan de las autopistas porque ni tienen prisas ni están dispuestos a pagar peajes. Prefieren los caminos que se envuelven de paisajes donde el pájaro derrota la estela del jet y el silencio ahoga el decibelio.

Otros desean más rapidez, se suben a una moto, invitan a alguien y acaban haciendo el amor y con un sidecar cargado de hijos.

Pasamos muchas horas subidos al autocar de una empresa, viajando con un montón de desconocidos entre los que alguno, con suerte, acaba siendo auténtico amigo.

Subimos a una interminable caravana de autobuses llamada país y demasiadas veces nos encontramos en medio de un inmenso atasco organizado por sus conductores políticos.

En el viaje del vivir, no todos los que van, llegan. Unos cogen caminos equivocados, estudios sin arranque, amores sin destino. Son los tiempos perdidos que jamás volverán.

Saber hacia dónde se va, y cuando nos equivocamos corregir a tiempo, es la única forma de llegar. Por eso siempre hay que estar atentos al camino: porque siempre estamos yendo.

11 Febrero 2009

Ahora que se embraveció el presente, los almirantes sin brújula buscan futuros en el pasado. Los megasabios de Davos cerraron su show anual con el cerebro helado, Sarkozy gime bondad social, Berlusconi y el Vaticano se indignan porque la bella Eluana no podrá permanecer otros 18 santos años en coma, se reclama control estatal para el incontrolado capital, y mientras nuestros políticos se desprestigian a babor y estribor. Un mundo con urgente necesidad de futuro permanece más anclado que nunca en sus pasados.

¿Y si el futuro sólo estuviera en el futuro?

Nos enrocaron en el eje del mal del repulsivo Bush y nos ocultaron que, tras tanta imbecilidad, lo único que nos permitirá subsistir en dignidad será creando el eje del bien.

El eje del bien consiste en hacer posible la vida en dignidad para los 6.000 millones que habitamos el planeta: focalizar en el bienestar de cada ser humano, asegurando unos niveles dignos de alimentación, sanidad, formación y una incuestionable ética y justicia universales. Entender, sin retrógradas fajas cerebrales, que sigue pendiente la mayor revolución de la historia: la del talento y la libertad respetuosa.

Época triste ésta, en la que los más grandes se nos muestran, día tras día, como visibles e inexcusables enanos.

Con los mimbres del pasado, repetiremos pasados. Ahora sólo nos queda futuro. Y para construirlo, sobran cañones y faltan cojones.

7 Febrero 2009

En 1818, Víctor Frankenstein, un joven suizo estudiante de medicina en Ingolstadt, decidió crear, a partir de la unión de distintas partes de cadáveres diseccionados, el ser humano perfecto. Con su experimento pondría a prueba la moral científica, la generación y destrucción de la vida y la audacia sin límites de los humanos.

Quería que "su invento" poseyera un elevado cociente intelectual, aunque no lograrlo no supondría problema si ante todos fuera capaz de aparentar criterios firmes e iluminados respecto a cualquier tema. Para reforzar esta posición, jamás debería reconocer sus propios errores, al tiempo que desarrollaría una extraordinaria habilidad para esquivar temas preocupantes y pasar la culpa de todo cuanto negativo sucediera a quienes osaran criticarlo.

Víctor quería que su creación fuera capaz de ejercer un inmenso poder sobre la sociedad. Y como el dinero era básico, le daría la facultad de decidir sobre cantidades fabulosas, con dos particularidades: no haría el menor esfuerzo para conseguirlas porque las obtendría de todas las gentes, y si la eficacia de sus inversiones fuese cuestionada, podría contestar lo que le pareciera porque nadie podría despedirlo del trabajo.

Había llegado el momento sublime de ver el resultado de su obra. Y una noche de tormenta, captó la energía de un rayo y, conectándola a aquel cuerpo, le dio la vida. ¡Acababa de crear un político!

9 Enero 2009

Todo lo llevamos metido y puesto en la cabeza. Las alegrías y las esperanzas, los disgustos y las incomprensiones, el amor, la amistad, el miedo, la razón y la emoción. Nuestro cerebro nos conduce, nos gana y nos pierde. Somos mentes inteligentes prolongadas en biologías mecánicas.

Ahora, y una vez más sin nosotros haber hecho nada para provocarlo, en nuestras cabezas se ha introducido un peso nuevo, lastrante y corrosivo, incontrolable y degradante: la crisis. Y el gran peligro de toda crisis, más que sus consecuencias visibles y palpables, es cómo se instala, nos orada y oxida. Si no nos autoeducamos para superar tanto ruido, unas veces ambiental y otras real, nuestro cerebro hoy pesará peor que ayer pero menos que mañana.

Mientras que los que nos empujaron al pozo no nos lancen la cuerda que nos ayude a salir, sólo nos queda una cosa: tratar de hacer más llevaderos los días.

"Hacer llevadero" es una expresión pócima contra el sobrepeso cerebral: acepta que soportarlo es inevitable pero marca la actitud de aligerarlo. Y como todo está en la cabeza, cuando se aligera la tensión empieza a asomarse la distensión.

Modestamente, quisiera sugerir a todos los medios de comunicación que potencien dos temas: el humor y la propagación de noticias humanamente positivas, que de haberlas haylas y muchas. Soy más que consciente que en momentos tan pesados suenan a ligereza. Por eso.

7 Diciembre 2008

Todo se construye desde el entendimiento y todo se destruye desde el enfrentamiento. Los intereses, amores, culturas, dioses y banderas que a unos les sirven para unirse, otros los convierten en motivo fundamental para enfrentarse. Así empezó el mundo. Así continúa.

Nos enseñaron a hablar, a comer, a caminar. Nos enseñaron matemáticas, gramática, geografía. Nos enseñaron muchas cosas. Pero nadie nos enseñó a enfrentar y resolver un desacuerdo. Nadie nos enseñó a discutir.

Educados desde un dirigismo intelectual, moral y político, no fuimos adiestrados en saber adoptar la menor elasticidad cerebral para entender, desde un mínimo respeto, otras ideas que no fueran las oficialmente implementadas en nuestra parcela geográfica. Los programadores de la sociedad siempre tratan de dirigir nuestras vidas con el exclusivo fin de potenciar las suyas, porque las ideologías además de poder les dan de comer.

Disentir es lo más lógico del mundo. Saber escuchar desde el respeto mutuo cambia la óptica de los cerebros porque amplía contrastes, horizontes, visiones y ambiciones. Saber que no hay una sola verdad y aceptar que cada uno tiene todo el derecho a la suya es el principio del respeto, esa limpia atmósfera en la que se anudan los entendimientos.

Cuando el portazo releva a la voz, el puño al argumento y la bomba al diálogo, todos pierden.

La discusión civilizada es la forma menos incivilizada de disentir.

26 Octubre 2008

El éxito es el reconocimiento a una aportación que sobrevuela lo habitual. Conseguirlo sólo se logra cuando se superan dos obstáculos: la dificultad y el error.

La dificultad no depende de nosotros: surge de la circunstancia o de quienes la utilizan como arma de defensa o ataque, porque creen que nuestro éxito degradará sus intereses o su apoltronamiento.

El error es bien distinto: es congénito a la raza humana. Como la sangre, los pulmones o los huesos. Todos, desde el más iluminado hasta el más fundido, almacenamos nuestra particular reserva de error.

Siendo así… ¿por qué cuesta tanto reconocer que nos equivocamos? ¿Por qué tantas veces hay que esperar años e incluso siglos para reconocer que otros -¡nunca los de ahora!- se equivocaron?

¿Cuánto tardarán Zapatero, Rajoy, Carod y nuestro alcalde de turno en reconocer que en algo o en mucho se equivocan? ¿Y el Papa, y Rouco, y Cañizares? ¿Y los musulmanes radicales? ¿Y A, y B, y CDE? ¿Y nosotros mismos? ¿O es que todos somos perfectos? ¿O tal vez tan ilusos como para creer y sostener que en todo lo que pensamos y hacemos no existe posibilidad de error?

Reconocer el error es abrir la puerta que hace avanzar por el atajo del entendimiento, que es la antesala del éxito en toda relación humana. Enrocarse en él es acelerar el fermento del desacuerdo y caer en la nefasta recesión mental de tratar de detener lo único que no se puede: el tiempo.

17 Septiembre 2008

Todo fin mediatiza. Demasiadas veces, la necesidad por conseguir condiciona la actitud. Se entra en un proceso de desdoblamiento de personalidad, y a nuestro propio doble se le fuerza a parecer sin ser, a asentir sin discernir, a agradar sin aprobar. El objetivo es caer muy bien, porque así te levantarás mejor.

Cuando la consecución del fin obsesiona, el interés fuerza todas las actitudes. La amistad por puro y rasante interés clasifica y condiciona personas, relaciones, opiniones, movimientos, complacencias, tics y tacs.

Vivir va dejando de ser hermoso convivir y se transforma en un rasante comerciar, en el que todo el saber de los grandes hipermercados es un juego de niños. La real subsistencia diaria se dirime en un macromercado de cerebros enjaulados por los códigos de barras "a ver qué vendo-a ver quién me lo compra".

La gran pregunta es... ¿queda alguna escapatoria?

Sí, la hay y a veces hay que aferrarse a ella, más que como clavo ardiendo, como brote prometedor.

La amistad pura, auténtica, constructiva, discernida y argamasada sólo existe cuando dos humanos establecen una sublime alianza en la que entre ambos no existe nada que comprarse ni nada que venderse. En la que no late más interés que el del cerebro tranquilo, desconectado de toda sístole y diástole de cartera nerviosa.

La auténtica amistad es la que carece de todo interés. Es esa que, a veces, culmina en amor.

Ángela Becerra

23 Julio 2008

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El amor nace cuando se exaltan sin límite las virtudes y se consolida cuando se aceptan sin rencor los defectos.

Por mucho que queramos evitarlo, el defecto es como el 29 de febrero: al final, siempre llega. Aquel intercambio de energías sufre apagones; aquellas miradas tienen golpes de estrabismo; aquellas palabras se pierden en temporales afonías. Se empieza a detectar el defecto.

El menú de sinsabores es muy variado y cada pareja lo digiere de distinta manera, aunque parece que en pleno 2008 el más generalizado sigue cierta tendencia.

Como entrante, un "Debe estar nervioso por algo" es el parche que cubre el primer moratón emocional. Como plato principal, un "¿Por qué me tratas así?" es el gemido del corazón camino a partido. Como postre, un "No te aguanto más" es el remate antes de pedir la cuenta y largarse.

Eso en cuanto a lo profundo. En cuanto al entorno, hoy el amor veraz debe aprender a convivir entre una constante persecución a la prisa, prohibiciones majaderas, crisis con presidente risueño, nóminas discretas e hipotecas inconcretas.

Es una humilde y columnista opinión pero, frente a tanto desaguisado, un eterno degustar y digerir amor en pareja sólo se hace masticable desde una aceptación pactada de los defectos propios y ajenos.

El amor ciego, para que perviva por los años de los años, siempre es bueno que se vuelva un poquito miope.

Sobre manhattan

BLOG PERSONAL DE IGNACIO CABALLERO(nachetec@yahoo.es) Hazme tu página de inicio Corría la primavera de 1975 y todo el mundo decidió llamarme Nacho. No he protestado desde entonces y tampoco lo voy a hacer ahora. El nombre de este blog es el de un lugar llamado Manhattan, que evoca a la única promesa pendiente de cumplir. Espero que te guste el contenido, pero sobre todo, que te animes a participar. Abrazos en los recovecos del alma.
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